Lavar la nariz de los niños: cómo hacerlo bien y por qué no todo vale

Vista de una madre que procede a lavar la nariz de los niños en casa

Aprende cómo lavar la nariz de los niños correctamente, qué errores evitar, cuándo hacerlo y por qué una mala técnica puede causar problemas

Hay escenas que se repiten en muchas casas. Un niño con mocos, incómodo, respirando por la boca… y unos padres intentando ayudar como pueden. En ese momento, lavar la nariz de los niños se convierte casi en un ritual diario. A veces incluso varias veces al día.

Pero la verdad es que, aunque lavar la nariz de los niños es una práctica muy extendida, no siempre se hace correctamente. Y es que, con la mejor intención, se pueden cometer errores que acaban siendo contraproducentes.

Porque no, no se trata solo de «echar suero y listo». Hay técnica, hay matices… y, sobre todo, hay que entender qué estamos haciendo.

¿Por qué es importante lavar la nariz de los niños?

Los niños pequeños, especialmente los bebés, no saben sonarse. Esto, que parece algo simple, lo cambia todo. Porque cuando tienen mocos, no pueden expulsarlos por sí mismos. Y ahí es donde entra en juego esa necesidad de higiene nasal.

Lavar la nariz de los niños ayuda a eliminar secreciones, a mejorar la respiración y, en muchos casos, a que descansen mejor. Y cuando un niño duerme mejor… lo nota toda la familia.

Además, no es solo una cuestión de comodidad. La acumulación de moco puede favorecer infecciones, dificultar la alimentación en los más pequeños e incluso afectar al oído.

El Dr. Mayo lo explica de forma muy clara: «En los niños, lavar la nariz tiene un papel fundamental porque su capacidad para eliminar secreciones es limitada. Bien hecho, es una herramienta muy útil».

Ahora bien, y aquí está la clave, bien hecho. Porque sí, ayuda. Pero no de cualquier manera.

Cómo lavar la nariz de los niños correctamente paso a paso

Cuando hablamos de lavar la nariz de los niños, muchas veces pensamos que es algo automático. Pero no lo es. Requiere cuidado, paciencia y, sobre todo, suavidad.

El procedimiento básico sería el siguiente:

  • Colocar al niño ligeramente incorporado o con la cabeza girada hacia un lado.
  • Introducir una pequeña cantidad de suero en la fosa nasal superior.
  • Dejar que el líquido fluya y salga por la otra fosa o por la boca.
  • Repetir el proceso en el otro lado.

Hasta aquí, todo parece sencillo. Pero hay un detalle que marca la diferencia: la presión.

Y es que uno de los errores más frecuentes es apretar demasiado la jeringa o el envase. Pensando que así limpiaremos mejor… pero no es así.

«El lavado nasal en niños debe hacerse con suavidad -insiste el Dr. Mayo-. Un exceso de presión puede hacer que el suero llegue a la trompa de Eustaquio, lo que puede generar molestias o incluso infecciones».

Dicho de otra forma: no se trata de arrastrar el moco a la fuerza, sino de facilitar que salga.

Un buen truco es imaginar que estás regando una planta delicada. No usarías un chorro fuerte. Irías poco a poco.

Lavar la nariz de los niños con jeringa: cuándo tener cuidado

La jeringa es uno de los métodos más utilizados para lavar la nariz de los niños. Es práctica, accesible y permite controlar la cantidad de suero. Pero también es donde más errores se cometen.

En consulta, es habitual ver a padres que, sin darse cuenta, aplican demasiada presión. A veces por nervios, otras por intentar hacerlo rápido… pero el resultado no suele ser el mejor.

«El problema de la jeringa no es la herramienta en sí, sino cómo se utiliza. Si se introduce el suero con demasiada fuerza, puede desplazarse hacia el oído a través de la trompa de Eustaquio», explican desde el equipo del Dr. Mayo.

Y esto no es un detalle menor. Puede provocar sensación de oído tapado, dolor e incluso favorecer la aparición de otitis.

Por eso, si se utiliza jeringa para lavar la nariz de los niños, conviene tener en cuenta:

  • No introducir el suero con presión.
  • Utilizar volúmenes pequeños.
  • Evitar repetir el lavado de forma insistente en poco tiempo.
  • Observar la reacción del niño durante y después.

A veces, menos es más. Y en este caso, es especialmente cierto.

¿Cuántas veces se debe lavar la nariz de los niños?

Esta es una de las preguntas más habituales. Y también una de las más importantes.

Porque cuando un niño tiene mocos, la tentación es clara: lavar la nariz muchas veces al día para mantenerla limpia. Pero aquí conviene hacer una pausa.

Lavar la nariz de los niños puede ser muy útil, sí. Pero hacerlo en exceso puede irritar la mucosa nasal y alterar su equilibrio natural.

«El abuso de lavados nasales no es recomendable -señala el Dr. Mayo-. La mucosa nasal necesita mantener su función natural, y un exceso de suero puede interferir en ese equilibrio».

Entonces, ¿cuál es la frecuencia adecuada?

Depende de cada caso. Pero, en general, se recomienda hacerlo en momentos clave:

Antes de dormir, para mejorar el descanso.

  • Antes de las tomas en bebés, para facilitar la alimentación.
  • Cuando hay una acumulación evidente de moco.
  • En procesos catarrales o infecciosos.

Y poco más. No hace falta convertirlo en una rutina constante. Porque, al final, lo importante no es cuántas veces se hace… sino hacerlo bien cuando realmente se necesita.

Beneficios de lavar la nariz de los niños (cuando se hace bien)

Cuando lavar la nariz de los niños se hace correctamente, los beneficios son bastante evidentes.

Para empezar, mejora la respiración. Y esto, en un niño pequeño, es fundamental. Porque si no respira bien por la nariz, come peor, duerme peor y está más irritable.

También ayuda a prevenir complicaciones. Al eliminar el exceso de moco, se reduce el riesgo de infecciones y se facilita el funcionamiento normal de la vía aérea.

Además, hay algo que muchos padres comentan: ese momento después del lavado en el que el niño, por fin, respira tranquilo. Sin esfuerzo. Sin ruido. Como debería ser.

Lavar la nariz de los niños es un procedimiento que debe realizarse con cuidado

El Dr. Mayo lo resume así: «Cuando se realiza correctamente, lavar la nariz de los niños mejora claramente su bienestar y puede evitar complicaciones asociadas a la acumulación de secreciones».

Y es que, aunque no lo parezca, ese pequeño gesto puede cambiar mucho.

Errores frecuentes al lavar la nariz de los niños que conviene evitar

Aquí es donde merece la pena detenerse. Porque muchos de los problemas asociados al lavado nasal no vienen del procedimiento en sí… sino de cómo se hace.

Hay errores que se repiten con bastante frecuencia:

  • Usar demasiada cantidad de suero.
  • Aplicar el líquido con mucha presión.
  • Realizar lavados de forma muy repetida sin necesidad.
  • Colocar al niño completamente tumbado.
  • No limpiar adecuadamente los dispositivos.

Son detalles que, en el día a día, pueden pasar desapercibidos. Pero que, acumulados, marcan la diferencia.

Y es que lavar la nariz de los niños no debería ser una lucha ni una carrera contrarreloj. Debería ser un gesto tranquilo, controlado y adaptado a cada situación.

Conclusión: cuidar un gesto cotidiano que influye más de lo que parece

Lavar la nariz de los niños es una práctica habitual. Está en muchas rutinas familiares, sobre todo en épocas de catarros. Y eso, en sí mismo, no es malo. Al contrario.

Pero como ocurre con muchas cosas en salud, el cómo importa tanto como el qué.

No se trata de hacerlo más veces, ni más rápido, ni con más fuerza. Se trata de hacerlo bien. Con suavidad, con criterio y entendiendo que cada niño es diferente.

Porque al final, lo que buscamos es algo muy sencillo: que respire mejor. Y cuando eso ocurre, todo lo demás también mejora un poco.

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