La discapacidad por pérdida de audición depende del grado de hipoacusia y de su repercusión en la vida diaria. Explicamos cómo se evalúa, qué pruebas se realizan y cuándo una pérdida auditiva puede llegar a ser discapacitante
La discapacidad por pérdida de audición no empieza necesariamente cuando una persona deja de oír por completo. De hecho, uno de los grandes problemas de la hipoacusia es precisamente que puede avanzar poco a poco y modificar nuestra vida mucho antes de que seamos plenamente conscientes de su importancia.
Primero cuesta entender una conversación en un restaurante. Después empezamos a subir el volumen de la televisión. En las reuniones de trabajo parece que todo el mundo habla demasiado bajo. Y cuando varias personas intervienen al mismo tiempo, seguir la conversación requiere un esfuerzo enorme.
«Oigo que me están hablando, pero no entiendo bien lo que dicen». Esta es, probablemente, una de las frases que más se repiten en las consultas relacionadas con la pérdida auditiva.
Y describe muy bien el problema. Oír no consiste únicamente en detectar sonidos. Necesitamos distinguirlos e interpretarlos para comunicarnos, trabajar, relacionarnos con otras personas y reaccionar ante lo que sucede a nuestro alrededor.
Por eso, cuando hablamos de discapacidad por pérdida de audición, no debemos pensar exclusivamente en cuántos decibelios ha perdido una persona. También importa cómo afecta esa pérdida a su capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana.
La Organización Mundial de la Salud considera discapacitante una pérdida auditiva superior a 35 decibelios en el oído con mejor audición. Además, advierte de que una pérdida auditiva no tratada puede repercutir en la comunicación, las relaciones sociales, la educación, el empleo y la autonomía de la persona.
Pero esta definición clínica no debe confundirse con el reconocimiento administrativo de un determinado grado de discapacidad, que en España se realiza mediante un procedimiento y unos baremos específicos.
¿Qué significa realmente tener discapacidad por pérdida de audición?
Imaginemos dos personas con una hipoacusia aparentemente parecida. Una trabaja habitualmente en un despacho tranquilo, mantiene conversaciones principalmente cara a cara y utiliza audífonos con una buena adaptación.
La otra desarrolla su actividad profesional en reuniones numerosas, necesita atender continuamente llamadas telefónicas y trabaja en ambientes con mucho ruido de fondo.
Aunque ambas puedan presentar resultados audiométricos similares, las dificultades que encuentran en su día a día pueden ser muy diferentes. Esta es una de las claves para comprender la discapacidad por pérdida de audición.
Como explica el Dr. Miguel Mayo, especialista en Otorrinolaringología, «una audiometría nos proporciona una información fundamental sobre la capacidad auditiva del paciente, pero también necesitamos conocer cómo esa pérdida está afectando realmente a su comunicación y a su vida cotidiana».
La pérdida de audición puede ser leve, moderada, grave o profunda y afectar a uno o a ambos oídos. También puede tener distintos orígenes y evolucionar de maneras muy diferentes.
Una hipoacusia leve, por ejemplo, puede permitir escuchar una conversación normal en determinadas circunstancias, pero generar dificultades cuando alguien habla bajo, existe distancia respecto al interlocutor o hay ruido ambiental.
Cuando la pérdida aumenta, seguir conversaciones puede resultar cada vez más complicado y la persona puede empezar a apoyarse en la lectura labial o necesitar soluciones auditivas para comunicarse con normalidad. En los grados más importantes de hipoacusia, estas dificultades pueden afectar profundamente a la autonomía y a la participación social.
Cómo se mide la pérdida de audición
Cuando una persona comienza a notar dificultades para entender conversaciones, necesita subir constantemente el volumen de la televisión o siente que cada vez le cuesta más seguir una reunión, el primer paso es estudiar su audición.
Una de las pruebas fundamentales es la audiometría tonal. Durante esta exploración se presentan sonidos de diferentes frecuencias e intensidades para determinar cuál es el sonido más débil que la persona consigue escuchar.
El resultado permite establecer los umbrales auditivos de cada oído y conocer el grado y las características de la pérdida.
Pero escuchar un pitido dentro de una cabina no reproduce completamente lo que ocurre cuando intentamos entender una conversación.
Por eso pueden utilizarse también pruebas que estudian la capacidad para reconocer y comprender palabras. Esta información resulta especialmente relevante porque algunos pacientes describen exactamente esta sensación: perciben la voz, saben que alguien les está hablando, pero determinadas palabras dejan de resultar claras.
En España, además, la valoración oficial de la discapacidad por pérdida de audición utiliza criterios técnicos específicos. El baremo vigente contempla los umbrales obtenidos mediante audiometría tonal en las frecuencias de 500, 1.000, 2.000 y 4.000 Hz y establece procedimientos para calcular la deficiencia auditiva de cada oído y la afectación binaural.
No existe, por tanto, una regla tan sencilla como afirmar que perder una determinada cantidad de decibelios equivale automáticamente a un porcentaje concreto de discapacidad. La valoración es más compleja.
Y existe otra cuestión especialmente importante: detectar la pérdida auditiva cuanto antes no solo permite conocer su alcance. También abre la puerta a buscar su causa y, cuando sea necesario, iniciar medidas de tratamiento y rehabilitación que permitan mantener la comunicación, la autonomía y la calidad de vida.
¿Qué porcentaje se reconoce en caso de discapacidad por pérdida de audición?
Esta es probablemente una de las preguntas más habituales cuando hablamos de discapacidad por pérdida de audición. Y también una de las que requieren más matices.
En España no existe una equivalencia directa del tipo «tengo una pérdida de 50 decibelios, por tanto me corresponde un 33 % de discapacidad». El sistema de valoración de la discapacidad por pérdida de audición establecido en el Real Decreto 888/2022 utiliza diferentes baremos y tiene en cuenta tanto la deficiencia auditiva como su repercusión funcional.
Por eso, dos personas que aparentemente tienen una pérdida de audición similar no tienen por qué obtener exactamente la misma valoración.
En el apartado específicamente dedicado a la audición, el procedimiento comienza estudiando cada oído mediante una audiometría tonal.
Se tienen en cuenta los umbrales auditivos obtenidos en cuatro frecuencias fundamentales para la comunicación: 500, 1.000, 2.000 y 4.000 Hz. La prueba se realiza sin audífonos o sin la parte externa de los implantes auditivos que utilice la persona.
A partir de esos resultados se calcula primero la deficiencia auditiva de cada oído y posteriormente la deficiencia auditiva binaural, otorgando un mayor peso al oído que conserva mejor audición.
Finalmente, el baremo establece la correspondencia entre esa deficiencia auditiva binaural y el porcentaje de deficiencia total de la persona. También diferencia entre hipoacusias neurosensoriales o mixtas y aquellas exclusivamente conductivas.
Es decir, el cálculo de la discapacidad por pérdida de audición es bastante más complejo que mirar una única cifra en una audiometría.
¿Y si solamente he perdido audición en un oído?
La pérdida auditiva unilateral merece una consideración especial. Una persona puede escuchar correctamente por un oído y tener una pérdida muy importante, incluso total, en el otro.
Desde fuera puede parecer que «oye bien», pero determinadas situaciones cotidianas demuestran que la realidad es bastante más compleja.
Localizar de dónde procede un sonido puede resultar difícil. También puede costar mucho más seguir una conversación cuando existe ruido ambiental o cuando quien habla se encuentra situado en el lado del oído afectado.
Pensemos en una comida familiar con varias conversaciones simultáneas o en una reunión de trabajo alrededor de una mesa. La persona escucha, sí, pero necesita realizar un esfuerzo constante para seleccionar y comprender determinadas voces.
Sin embargo, a efectos de la valoración administrativa, el oído con mejor audición tiene un peso especialmente relevante. El baremo oficial calcula la deficiencia binaural ponderando cinco veces la deficiencia del oído mejor y una vez la del oído peor. Un dato clave para entender los procesos de solicitud de discapacidad por pérdida de audición.
Por ello, una pérdida muy importante limitada a un solo oído no equivale automáticamente al mismo grado de deficiencia que una pérdida bilateral.
Como explica el equipo del Dr. Mayo, «una pérdida auditiva unilateral puede tener una repercusión real en la vida diaria aunque el otro oído conserve una buena audición. Por eso debemos estudiar no solo cuánto oye el paciente, sino también en qué situaciones encuentra dificultades».
¿Utilizar audífonos impide que se reconozca una discapacidad?
No. El hecho de utilizar audífonos no significa que la pérdida auditiva haya desaparecido. Un audífono puede mejorar enormemente la capacidad de comunicación y la calidad de vida, pero no convierte necesariamente una audición alterada en una audición normal.
De hecho, para determinar la deficiencia auditiva monoaural, la normativa española establece que la audiometría tonal utilizada en la valoración debe realizarse sin audífonos y, en el caso de los implantes auditivos, sin su parte externa.
Existe además una circunstancia muy relevante. El baremo establece que las personas que necesitan un implante coclear o un implante de tronco cerebral debido a su pérdida de audición deben recibir una valoración de deficiencia total de la persona por pérdida auditiva de al menos el 33 %.
Por tanto, utilizar una solución auditiva y presentar una discapacidad por pérdida de audición no son conceptos incompatibles.
Al contrario: el objetivo de los audífonos, implantes y otras herramientas de rehabilitación auditiva es reducir las limitaciones que provoca la hipoacusia y facilitar que la persona pueda mantener su comunicación, autonomía y participación social.

Cuándo conviene estudiar una pérdida de audición
No hace falta esperar a que la dificultad auditiva sea grave para acudir al otorrinolaringólogo. Hay señales que deberían llevarnos a realizar una valoración:
- Necesitar subir cada vez más el volumen de la televisión.
- Pedir frecuentemente a los demás que repitan lo que han dicho.
- Entender mal determinadas palabras.
- Tener dificultades especialmente importantes cuando existe ruido de fondo.
- Escuchar mejor por un oído que por el otro.
- Sentir que las conversaciones numerosas resultan agotadoras.
- Evitar reuniones o situaciones sociales porque cuesta seguirlas.
La pérdida auditiva puede ser progresiva y nuestro cerebro tiene una enorme capacidad para adaptarse. Muchas personas desarrollan estrategias para compensarla: miran más atentamente los labios, se colocan siempre en determinados lugares de la mesa o dejan que otras personas atiendan el teléfono.
Poco a poco, aquello que inicialmente era una dificultad termina formando parte de su rutina. Por eso el diagnóstico precoz resulta tan importante.
Conclusión: una audiometría es el principio, no toda la respuesta
Hablar de discapacidad por pérdida de audición significa hablar de mucho más que de decibelios. La audiometría permite conocer con precisión cuánto oye una persona y constituye una prueba fundamental para valorar una hipoacusia. Pero también debemos comprender cómo esa pérdida está interfiriendo en su comunicación y en su vida cotidiana.
La propia Organización Mundial de la Salud considera discapacitante una pérdida superior a 35 dB en el oído con mejor audición, pero esta definición sanitaria no equivale automáticamente al reconocimiento administrativo de un determinado porcentaje de discapacidad en España.
Ese reconocimiento se realiza mediante los baremos oficiales y un procedimiento específico en el que se valoran diferentes aspectos de la situación de la persona.
Por eso, ante una sospecha de pérdida auditiva, el primer objetivo no debería ser calcular qué porcentaje puede corresponder. El primer paso es saber exactamente cómo oímos.
Una exploración otorrinolaringológica y las pruebas auditivas adecuadas permiten identificar el tipo y el grado de hipoacusia, investigar su causa y valorar qué alternativas pueden ayudarnos. A partir de ese resultado puede plantearse la posibilidad de solicitar una discapacidad por pérdida de audición.
Detectar una hipoacusia a tiempo no consiste únicamente en escuchar más. Consiste en seguir entendiendo conversaciones, relacionándonos con los demás y manteniendo nuestra autonomía y calidad de vida durante el mayor tiempo posible.


