El peritaje de otorrino permite valorar secuelas como pérdida auditiva, acúfenos, vértigo o alteraciones nasales y de la voz. Explicamos cuándo puede ser necesario, qué pruebas se realizan y qué debe incluir un informe pericial ORL
Un accidente de tráfico después del cual aparece un acúfeno que antes no existía. Una pérdida de audición tras años trabajando en un ambiente con mucho ruido. Un traumatismo que deja como secuela episodios recurrentes de vértigo. O una lesión de las cuerdas vocales que termina afectando a alguien cuya profesión depende precisamente de su voz.
Son situaciones muy diferentes, pero todas tienen algo en común: puede ser necesario determinar de manera objetiva qué lesión existe, cuál es su gravedad y qué consecuencias tiene para la persona. Y es aquí donde entra en juego el peritaje de otorrino.
A diferencia de una consulta médica convencional, cuyo objetivo principal es diagnosticar una enfermedad y establecer el tratamiento más adecuado, un peritaje de otorrino tiene una finalidad médico-legal. Busca estudiar y documentar una determinada alteración desde el conocimiento especializado de la Otorrinolaringología para responder a las cuestiones concretas que plantea el caso.
¿Existe realmente una pérdida auditiva? ¿Qué intensidad tiene? ¿Es compatible con el accidente o la exposición al ruido que refiere el paciente? ¿Existía anteriormente? ¿El vértigo puede objetivarse mediante pruebas? ¿Las secuelas están estabilizadas?
Son preguntas que pueden resultar decisivas en determinados procedimientos.
¿Qué es exactamente un peritaje de otorrino?
Un peritaje de otorrino es una valoración médica especializada que analiza una lesión, enfermedad o secuela relacionada con el oído, el equilibrio, la nariz, la garganta, la laringe u otras estructuras propias de la especialidad.
El resultado suele plasmarse en un informe pericial en el que se recogen los antecedentes relevantes, la documentación médica estudiada, la exploración realizada, las pruebas disponibles o practicadas y las conclusiones del especialista.
La objetividad es esencial. La Ley de Enjuiciamiento Civil establece que el perito debe actuar con la mayor objetividad posible y considerar tanto aquello que pueda favorecer como lo que pueda perjudicar a cualquiera de las partes.
Por tanto, el objetivo de un peritaje de otorrino no es simplemente confirmar lo que afirma un paciente.
Como explica el Dr. Miguel Mayo, especialista en Otorrinolaringología, «un informe pericial debe intentar transformar los síntomas y antecedentes del paciente en información médica objetiva. Hay que estudiar qué lesión existe, qué pruebas la respaldan y qué relación puede establecerse con el hecho que se está valorando».
¿Cuándo puede ser necesario un peritaje de otorrino?
Los escenarios son numerosos. Uno de los más habituales aparece después de un accidente de tráfico. Un traumatismo craneal, un impacto o determinadas lesiones pueden dejar secuelas relacionadas con la audición, el equilibrio, el olfato o las estructuras nasales.
En estos casos puede ser necesario valorar qué alteraciones permanecen una vez estabilizadas las lesiones.
La normativa española sobre responsabilidad civil derivada de accidentes de circulación contempla dentro de su baremo médico secuelas específicamente relacionadas con la especialidad ORL, entre ellas los acúfenos, los vértigos objetivados mediante las pruebas correspondientes, la afectación vestibular, la pérdida auditiva, la anosmia y determinadas alteraciones de la respiración nasal.
Otro escenario frecuente es el laboral.
Imaginemos a una persona que ha trabajado durante años expuesta a niveles elevados de ruido y que desarrolla progresivamente una hipoacusia. Determinar las características de esa pérdida auditiva y estudiar su posible relación con la exposición profesional puede requerir una valoración especializada.
También pueden solicitarse informes en procedimientos relacionados con incapacidad laboral, reclamaciones por lesiones, valoración de secuelas o discrepancias acerca de la repercusión funcional de una determinada patología.
En todos estos casos, la pregunta médica debe estar bien definida. No se trata simplemente de demostrar que existe una enfermedad, sino de establecer qué consecuencias objetivables presenta.
Las patologías más frecuentes en un peritaje de otorrino
El oído es probablemente una de las áreas que genera mayor número de valoraciones periciales dentro de la Otorrinolaringología. La hipoacusia o pérdida de audición ocupa un lugar destacado.
Puede aparecer después de un traumatismo, una exposición continuada a ruido, determinados accidentes o diferentes enfermedades. Para su valoración resulta fundamental conocer no solo cuánto oye la persona, sino también el tipo de pérdida y si afecta a uno o a ambos oídos.
Los acúfenos constituyen otro motivo frecuente. Ese pitido, zumbido o ruido que una persona percibe sin que exista una fuente sonora externa puede tener una enorme repercusión sobre su calidad de vida.
Sin embargo, su propia naturaleza hace que su valoración pericial requiera un estudio especialmente cuidadoso de los antecedentes, la función auditiva y la coherencia clínica del cuadro.
El vértigo y los trastornos del equilibrio representan otro gran grupo. Aquí cobra especial importancia la objetivación. No es lo mismo decir «me mareo» que demostrar mediante la exploración y las pruebas vestibulares que existe una alteración concreta del sistema encargado del equilibrio.
También pueden ser objeto de un peritaje de otorrino las alteraciones del olfato, las secuelas de traumatismos nasales, determinadas dificultades respiratorias, lesiones laríngeas o problemas de la voz.
Este último caso resulta especialmente interesante en profesionales que dependen intensamente de ella: profesores, cantantes, actores, periodistas, comerciales o trabajadores que pasan buena parte de su jornada hablando.

¿Qué pruebas pueden realizarse durante un peritaje de otorrino?
Las pruebas necesarias dependerán completamente del problema que se esté valorando. Cuando existe una posible pérdida auditiva, una de las exploraciones fundamentales es la audiometría tonal, que permite determinar los umbrales auditivos para diferentes frecuencias.
Puede complementarse con audiometría verbal para analizar la capacidad de reconocer palabras, además de impedanciometría y otras pruebas audiológicas cuando sean necesarias.
En España, la propia Administración contempla la audiometría tonal en cabina, las pruebas vestibulares y la posturografía entre las exploraciones complementarias utilizadas en determinados procedimientos de valoración de incapacidades laborales.
Cuando el problema principal es el vértigo o la inestabilidad pueden realizarse diferentes pruebas vestibulares destinadas a estudiar el funcionamiento del sistema del equilibrio. La posturografía también puede aportar información en determinados pacientes.
Si la alteración afecta a la voz, la exploración de la laringe permite observar las cuerdas vocales y estudiar posibles lesiones o alteraciones de su movilidad y funcionamiento.
En otros casos pueden ser necesarias pruebas de imagen o estudios complementarios realizados por otras especialidades.
Lo importante es entender que un buen peritaje de otorrino no consiste en acumular pruebas. Consiste en seleccionar aquellas que realmente pueden responder a la cuestión médica que se está analizando.
La importancia de los antecedentes médicos
Hay una pregunta que aparece constantemente en medicina pericial: «¿Este cuadro clínico ya existía con anterioridad?»
Pensemos en una persona que presenta pérdida auditiva después de un accidente. Una audiometría realizada posteriormente puede demostrar que efectivamente existe una hipoacusia. Pero eso no demuestra por sí solo que el accidente sea su causa.
El especialista debe analizar la historia clínica previa, la cronología de los síntomas, las características de la lesión y todos aquellos elementos que permitan establecer si existe una relación médicamente razonable entre el hecho estudiado y la secuela.
Los informes anteriores al accidente pueden resultar especialmente valiosos. Lo mismo sucede cuando ya existía una enfermedad y lo que se plantea es si un determinado acontecimiento la ha agravado.
En el ámbito de los accidentes de circulación, por ejemplo, el baremo médico contempla expresamente la situación en la que el oído afectado ya presentaba previamente un déficit auditivo.
¿Qué debe aportar un buen informe pericial ORL?
Un informe pericial debe ser comprensible incluso para quien no sea médico. El juez, el abogado, la compañía aseguradora o cualquier otra persona que intervenga en el procedimiento necesita entender qué se ha encontrado y cómo se ha llegado a las conclusiones.
Por eso debe existir una conexión clara entre antecedentes, exploración, pruebas y conclusiones.
En determinadas reclamaciones por accidentes de tráfico, la normativa establece que los informes periciales oficiales deben recoger la información médica en la que se fundamentan y especificar las fuentes, documentos y pruebas realizadas.
Esa lógica resulta perfectamente aplicable a cualquier valoración médico-legal rigurosa. Una conclusión pericial adquiere fuerza cuando puede explicarse y fundamentarse.
Peritaje de otorrino: objetivar para poder valorar
La Otorrinolaringología abarca funciones tan importantes como escuchar, mantener el equilibrio, respirar, oler o utilizar nuestra voz. Cuando una de ellas queda alterada después de un accidente, una enfermedad o una exposición laboral, las consecuencias pueden ir mucho más allá del diagnóstico.
Pueden afectar al trabajo, a la autonomía y a actividades cotidianas que antes realizábamos sin pensar.
En esos escenarios, un peritaje de otorrino permite estudiar de manera especializada qué alteración existe, cuál es su gravedad, qué pruebas la respaldan y, cuando proceda, cuál puede ser su relación con el acontecimiento que se está analizando.
No todos los problemas ORL necesitan una valoración pericial. Tampoco todos los síntomas pueden traducirse automáticamente en una secuela indemnizable, una incapacidad o un determinado grado de discapacidad.
Precisamente por eso la valoración especializada es importante. Porque en medicina pericial no basta con describir lo que una persona siente. Hay que escuchar su historia, revisar sus antecedentes, explorarla y utilizar las pruebas adecuadas para convertir toda esa información en conclusiones médicas objetivas, razonadas y defendibles.


