La pérdida progresiva de audición puede deberse a la otosclerosis. Explicamos sus síntomas, cómo se diagnostica y qué tratamientos permiten mejorar la audición
Al principio apenas lo notas. Empiezas a subir un poco más el volumen de la televisión, te cuesta seguir algunas conversaciones o tienes que pedir que te repitan las cosas. No es algo que ocurra de repente. Más bien tienes la sensación de que, poco a poco, los sonidos se van alejando.
En algunos casos, detrás de esa pérdida progresiva de audición puede encontrarse la otosclerosis, una enfermedad del oído que afecta al movimiento de uno de los huesecillos encargados de transmitir el sonido.
Aunque su nombre resulte poco familiar, es una causa conocida de hipoacusia en adultos jóvenes y de mediana edad. La buena noticia es que existen tratamientos que pueden mejorar considerablemente la capacidad auditiva.
¿Qué es la otosclerosis y por qué afecta a la audición?
Para entender qué sucede con la otosclerosis, tenemos que fijarnos en tres huesecillos diminutos que se encuentran detrás del tímpano: el martillo, el yunque y el estribo.
Su función es transmitir las vibraciones sonoras hacia el oído interno. Funcionan como una pequeña cadena de transmisión en la que cada pieza necesita moverse correctamente.
En las personas con otosclerosis se produce una remodelación anormal del hueso que, con frecuencia, termina dificultando el movimiento del estribo.
¿El resultado? El sonido deja de transmitirse con normalidad y aparece una pérdida auditiva de conducción.
En algunos pacientes, la enfermedad también afecta al oído interno y provoca una hipoacusia mixta, en la que se combinan problemas de transmisión y de percepción del sonido.
«La otosclerosis tiene una particularidad importante: el paciente puede tener el tímpano aparentemente normal y, sin embargo, estar perdiendo audición porque uno de los huesecillos del oído ha dejado de moverse correctamente», explica el Doctor Mayo.
¿Cuáles son los primeros síntomas de la otosclerosis?
Lo más característico es que la pérdida auditiva avance lentamente. Tanto que algunas personas tardan años en darse cuenta de que algo no funciona bien.
Entre las señales más habituales encontramos:
- Pérdida progresiva de audición. Puede comenzar en un oído y afectar posteriormente al otro.
- Dificultad para escuchar sonidos suaves. Los susurros o determinadas voces empiezan a resultar difíciles de percibir.
- Acúfenos. Algunas personas escuchan pitidos, zumbidos u otros sonidos sin que exista una fuente externa.
- Problemas de equilibrio. Son menos frecuentes, pero pueden aparecer en determinados pacientes.
Lo curioso es que muchas personas siguen desenvolviéndose razonablemente bien en ambientes tranquilos. El problema se hace más evidente cuando necesitan escuchar con precisión o mantener conversaciones en situaciones complicadas. Una hipoacusia laboral, por ejemplo, puede devenir en escenarios complejos.
¿Por qué aparece la otosclerosis? ¿Es hereditaria?
Todavía no conocemos completamente las causas de la otosclerosis, aunque sabemos que existe una importante predisposición genética. De hecho, es relativamente frecuente encontrar antecedentes familiares de pérdida auditiva relacionada con esta enfermedad.
También se han estudiado posibles factores hormonales e inmunológicos, pero su papel exacto continúa investigándose.
La otosclerosis suele manifestarse entre los 20 y los 50 años y es más frecuente en mujeres.
Ahora bien, tener familiares afectados no significa necesariamente que vayamos a desarrollar la enfermedad. Del mismo modo, puede aparecer en personas sin antecedentes conocidos.
¿Cómo se diagnostica la otosclerosis?
Una de las cuestiones más interesantes de esta enfermedad es que, al explorar el oído, podemos encontrarnos con un tímpano completamente normal. Por eso, cuando existe una pérdida auditiva progresiva sin una causa evidente, necesitamos estudiar cómo se transmite el sonido.
Las principales pruebas son:
- Audiometría tonal. Permite conocer el grado y el tipo de pérdida auditiva. En la otosclerosis suele mostrar una diferencia entre la audición por vía aérea y por vía ósea.
- Audiometría verbal. Evalúa la capacidad para comprender palabras, algo fundamental para valorar las dificultades reales del paciente.
- Impedanciometría y reflejos acústicos. Aportan información sobre el funcionamiento del oído medio.
- Tomografía computarizada. En determinados casos permite estudiar las estructuras óseas del oído y descartar otras patologías.
No siempre es necesario realizar todas las pruebas. Su indicación depende de los hallazgos clínicos y de las decisiones terapéuticas que se estén valorando.
«Cuando alguien empieza a escuchar peor, no debemos asumir que se trata de un problema relacionado con la edad -detalla el equipo del Doctor Mayo-. Una audiometría puede orientarnos hacia enfermedades como la otosclerosis, que tienen opciones de tratamiento específicas».
¿Tiene tratamiento la otosclerosis?
Sí. Aunque actualmente no disponemos de un medicamento que cure la otosclerosis, existen alternativas para mejorar la audición. La elección depende del grado de hipoacusia, las características del oído y las preferencias de cada paciente.
Audífonos: una alternativa eficaz sin cirugía
Los audífonos permiten amplificar los sonidos y compensar parte de la pérdida auditiva.
Pueden ser una buena opción cuando la hipoacusia es leve, cuando el paciente prefiere evitar una intervención o cuando existen circunstancias que desaconsejan operar.
Eso sí, conviene aclarar que los audífonos no detienen la progresión de la enfermedad.

Operación de otosclerosis: ¿en qué consiste la estapedotomía?
La estapedotomía es una intervención destinada a mejorar la transmisión del sonido hacia el oído interno.
Durante la cirugía se realiza una pequeña abertura en la base del estribo y se coloca una prótesis que permite transmitir las vibraciones.
Es una técnica que puede proporcionar una mejoría auditiva importante en pacientes adecuadamente seleccionados.
Sin embargo, no todas las personas con otosclerosis necesitan operarse. Además, como cualquier intervención, presenta riesgos, entre ellos alteraciones del gusto, mareos y, en casos poco frecuentes, empeoramiento de la audición.
¿Se recupera completamente la audición después de operar la otosclerosis?
La cirugía puede ofrecer resultados muy satisfactorios, pero no debemos confundir mejorar la audición con garantizar que vuelva a ser exactamente como antes.
El resultado depende de la situación inicial del oído y de si existe afectación del oído interno.
Además, después de la intervención es necesario realizar un seguimiento y comprobar la evolución mediante nuevas audiometrías.
Como razona el Dr. Miguel Mayo, «el objetivo del tratamiento no es simplemente mejorar los resultados de una audiometría. Lo que buscamos es que el paciente vuelva a desenvolverse mejor en sus conversaciones, en el trabajo y en todas esas situaciones cotidianas en las que escuchar bien marca una diferencia».
¿Cuándo deberías acudir al otorrino?
Si llevas meses notando que escuchas peor, necesitas subir constantemente el volumen o tienes dificultades para entender conversaciones, conviene estudiar qué está sucediendo.
Y si la pérdida auditiva aparece de forma repentina, no debes esperar: necesita una valoración médica urgente.
La otosclerosis es una de las posibles causas de hipoacusia progresiva, pero no la única. Precisamente por eso, identificar el origen de la pérdida auditiva es fundamental.
Porque acostumbrarse a escuchar cada vez menos no debería ser la solución cuando existen alternativas que pueden ayudarte a recuperar parte de tu capacidad auditiva.


