Bucear con problemas de oído: cuándo es seguro y qué riesgos conviene evitar

Bucear con problemas de oído puede ser muy grave desde el punto de vista médico

Las actividades acuáticas aumentan el riesgo de molestias en el oído. Analizamos cuándo bucear con problemas de oído puede ser peligroso y qué precauciones conviene tomar

El submarinismo, como las bicicletas, es para el verano. Ocurre que esta es una práctica que puede entrañar ciertos riesgos, especialmente para aquellas personas que se lanzan a bucear con problemas de oído.

Con la llegada de las vacaciones, de hecho, muchas personas aprovechan para hacer su primer bautismo de buceo, practicar snorkel o realizar inmersiones durante sus viajes. Y quienes ya han tenido una otitis, una perforación del tímpano o episodios de vértigo suelen hacerse la misma pregunta antes de entrar en el agua: «¿Puedo bucear con seguridad o corro el riesgo de empeorar mi oído?»

La duda está más que justificada.

A diferencia de lo que ocurre cuando simplemente nadamos en la superficie, durante una inmersión el oído debe adaptarse a cambios de presión muy rápidos. Si existe algún problema previo, esa adaptación puede resultar mucho más difícil y aumentar el riesgo de lesiones.

En consulta escuchamos historias muy parecidas cada verano.

  • «Siempre he tenido problemas de oído y no sé si puedo hacer un bautismo de buceo».
  • «Después de una inmersión empecé a notar el oído completamente taponado».
  • «Me gustaría bucear estas vacaciones, pero hace unos meses tuve una perforación del tímpano».

La realidad es que no todos los problemas de oído tienen las mismas implicaciones. Hay personas que podrán bucear sin ninguna limitación y otras para las que será recomendable esperar o incluso evitar determinadas actividades acuáticas.

Por eso, antes de colocarse las gafas y el regulador, merece la pena entender qué ocurre dentro del oído cuando descendemos bajo el agua.

Por qué el oído es tan importante durante una inmersión

Cada vez que descendemos unos metros bajo el agua, la presión aumenta de forma progresiva. Nuestro organismo necesita adaptarse continuamente a esos cambios y uno de los órganos que más trabaja durante todo ese proceso es el oído.

La estructura responsable de esa adaptación vuelve a ser la trompa de Eustaquio, un pequeño conducto que comunica el oído medio con la parte posterior de la nariz.

Su misión consiste en equilibrar la presión a ambos lados del tímpano. Cuando funciona correctamente, apenas somos conscientes de ello. Sin embargo, si existe una inflamación, una congestión nasal o cualquier alteración que dificulte su apertura, empiezan a aparecer los problemas.

Es parecido a intentar abrir una puerta que se encuentra bloqueada. Cuanto más insistimos, mayor es la tensión acumulada. En el oído sucede algo muy similar.

Si la presión no consigue compensarse durante el descenso o el ascenso, el tímpano soporta un esfuerzo excesivo que puede provocar dolor e incluso lesiones.

Como explica el Dr. Miguel Mayo, especialista en Otorrinolaringología, «la mayoría de las complicaciones relacionadas con el buceo aparecen porque el oído no consigue adaptarse correctamente a los cambios de presión. Por eso resulta fundamental valorar previamente cualquier problema que pueda alterar esa compensación».

Y precisamente ahí radica la importancia de no subestimar antecedentes aparentemente poco relevantes y tomar la decisión de bucear con problemas de oído. Una congestión nasal, una otitis reciente o una perforación timpánica pueden modificar completamente la forma en que el oído responde durante una inmersión.

Qué problemas de oído obligan a extremar las precauciones

Una de las preguntas más frecuentes es si cualquier antecedente relacionado con el oído impide practicar buceo. La respuesta es no.

Sin embargo, sí existen determinadas situaciones en las que bucear con problemas de oído aumenta considerablemente el riesgo de sufrir un barotrauma o agravar una lesión previa.

Entre las circunstancias que requieren una valoración médica destacan:

  • Otitis activa o reciente.
  • Perforación del tímpano.
  • Cirugía reciente del oído.
  • Congestión nasal importante.
  • Alteraciones de la trompa de Eustaquio.
  • Antecedentes de vértigo relacionados con el oído interno.

No todos estos casos tienen la misma gravedad ni implican las mismas limitaciones. Por ejemplo, una persona que sufrió una otitis hace varios años y cuya exploración actual es completamente normal puede practicar buceo sin inconvenientes.

En cambio, alguien con una perforación timpánica abierta o una infección activa debería evitar la inmersión hasta recibir el alta médica.

Porque cuando existe una alteración previa, bucear con problemas de oído no solo puede resultar doloroso. También puede retrasar la recuperación del oído o provocar complicaciones que obliguen a suspender las actividades acuáticas durante mucho más tiempo.

Y es por eso por lo que resulta tan importante no dejarse llevar únicamente por cómo nos encontramos ese día.

Hay pacientes que apenas notan molestias en tierra firme y, sin embargo, descubren que el problema aparece en cuanto empiezan a descender unos metros bajo el agua.

Es entonces cuando el oído pone de manifiesto una alteración que hasta ese momento había pasado prácticamente desapercibida.

Qué puede ocurrir si se bucea con un problema de oído

Cuando una persona decide bucear con problemas de oído sin que exista una valoración médica previa, el riesgo más frecuente es el llamado barotrauma.

Aunque el nombre pueda parecer complejo, el mecanismo es relativamente sencillo. Si la presión del oído medio no consigue equilibrarse correctamente con la presión exterior, el tímpano empieza a soportar una tensión cada vez mayor.

Al principio suele aparecer una sensación de presión. Después puede llegar el dolor. Y, si el descenso continúa sin que el oído consiga compensar esa diferencia de presión, pueden producirse lesiones de distinta gravedad.


Los pacientes suelen describirlo con frases muy parecidas:

  • «Noté un pinchazo muy fuerte y tuve que dejar la inmersión».
  • «Pensé que era una molestia normal, pero el dolor fue aumentando».
  • «Cuando salí del agua seguía escuchando todo como si llevara un tapón».

Dependiendo del caso, el barotrauma puede provocar inflamación del oído medio, acumulación de líquido detrás del tímpano, pequeñas hemorragias e incluso una perforación timpánica.

Bucear con problemas de oído puede causar una perforación timpánica

Pero no es la única complicación posible. En determinadas personas con alteraciones del oído interno también pueden aparecer mareos o episodios de vértigo durante la inmersión, una situación que resulta especialmente delicada bajo el agua por el riesgo que supone perder la orientación.

Como recuerda el Dr. Miguel Mayo, «el oído no solo interviene en la audición. También participa en el equilibrio. Por eso cualquier alteración relacionada con la presión puede afectar a ambas funciones».

Y esa es una razón más para no banalizar este tipo de síntomas.

Cómo saber si es seguro bucear

Una de las preguntas más habituales en consulta es cuánto tiempo hay que esperar para volver al agua después de una otitis o de una perforación del tímpano.

La respuesta depende completamente del problema que haya tenido cada paciente. No existe un plazo universal.

Lo realmente importante es comprobar que el oído se ha recuperado por completo y que la trompa de Eustaquio vuelve a funcionar con normalidad.

Antes de autorizar el buceo, el especialista suele valorar aspectos como:

  • El estado del tímpano.
  • La correcta cicatrización cuando ha existido una perforación.
  • La ausencia de inflamación o infección.
  • La función de la trompa de Eustaquio.
  • La presencia de síntomas como dolor, pérdida de audición, sensación de oído tapado o vértigo.

En muchos casos basta con una exploración otorrinolaringológica para confirmar que el paciente puede volver a bucear con tranquilidad.

Porque la mayoría de las personas que han tenido un problema de oído no tendrán que renunciar para siempre a esta actividad.
Simplemente necesitan hacerlo en el momento adecuado.

Conclusión: disfrutar del buceo empieza por cuidar la salud del oído

Bucear con problemas de oído no siempre implica el mismo nivel de riesgo. Todo dependerá del tipo de alteración, de su evolución y del estado actual del oído.

Sin embargo, lo que sí sabemos es que descender bajo el agua con una otitis activa, una perforación timpánica, una congestión nasal importante o un problema de compensación aumenta considerablemente la probabilidad de sufrir un barotrauma u otras complicaciones.

La buena noticia es que la mayoría de estos problemas pueden prevenirse con una valoración especializada antes de la inmersión.

Una exploración sencilla permite comprobar si el oído está preparado para soportar los cambios de presión y resolver dudas que, especialmente en verano, son muy habituales entre quienes practican actividades acuáticas.

Porque el mejor recuerdo de unas vacaciones no debería ser un dolor de oído que nos obligue a abandonar el agua. Debería ser la tranquilidad de disfrutar del mar sabiendo que nuestro oído está preparado para hacerlo con seguridad.

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