Las olas de altas temperaturas multiplican las consultas, pero el vértigo por calor tiene un origen concreto en el oído interno y una solución al alcance de cualquier paciente
Cada agosto, la consulta se llena de pacientes que describen la misma sensación: caminan por la calle, el sol aprieta, y de repente el suelo parece moverse bajo sus pies. Es el vértigo por calor, uno de esos episodios médicos que se disparan en consulta durante los meses estivales, especialmente en las zonas en las que el sol aprieta sin remisión.
No es casualidad ni un simple mareo pasajero: detrás de esa sensación de inestabilidad hay un mecanismo fisiológico muy concreto que conecta la temperatura ambiente con el funcionamiento del oído interno.
En realidad, lo que muchas personas llaman vértigo por calor es en multitud de ocasiones un mareo desencadenado por altas temperaturas y no por lo que formalmente sí es un vértigo, esto es, una alteración en el oído interno.
Dico de otro modo, hay que dejar claro que aunque lo llamemos vértigo, no existe una entidad nosológica propia denominada vértigo por calor ni un diagnóstico otoneurológico formal bajo ese nombre. Sin embargo, la exposición al calor o el agotamiento térmico sí pueden producir una ilusión de movimiento verdadero (vértigo) o, más frecuentemente, mareo presincopal a través de diferentes mecanismos hemodinámicos y periféricos/centrales.
Qué es el vértigo por calor y por qué se dispara en verano
El vértigo por calor aparece cuando las altas temperaturas alteran el equilibrio del sistema vestibular, la estructura del oído interno responsable de que sepamos en qué posición está nuestro cuerpo en cada momento. A diferencia de otros tipos de vértigos, este no suele estar provocado por una infección ni por una lesión, sino por la respuesta del organismo al calor extremo.
El Dr. Mayo lo explica así: «Vemos un repunte muy claro de consultas por vértigo por calor entre julio y agosto, coincidiendo con las olas de calor más intensas. Son pacientes que nunca habían tenido problemas de equilibrio y que, de pronto, sienten que el suelo se mueve o que la habitación gira».
Este patrón estacional convierte al vértigo por calor en uno de los motivos de consulta más frecuentes del verano, junto a la otitis y los tapones de cerumen.
Qué ocurre en tu oído interno cuando sube el termómetro
Para entender el vértigo por calor conviene mirar primero qué pasa dentro del oído. El sistema vestibular funciona gracias a un delicado equilibrio de líquidos y presión en los canales semicirculares.
Cuando ese equilibrio se altera, el cerebro recibe señales contradictorias sobre la posición del cuerpo, y el resultado es la sensación de mareo o inestabilidad.
Los vasos sanguíneos del oído interno
Con el calor, los vasos sanguíneos se dilatan en todo el cuerpo, incluidos los del oído interno. Esa dilatación provoca una caída de la presión arterial y modifica el riego sanguíneo que llega a las estructuras vestibulares.
El resultado es una alteración temporal del equilibrio que muchos pacientes describen como si «el suelo se hundiera» al levantarse rápido o al salir de un coche con aire acondicionado a la calle.
La deshidratación, el otro protagonista
El segundo factor, y quizá el más determinante, es la deshidratación. En verano perdemos líquidos con facilidad por el sudor, y cuando el cuerpo no repone ese agua, la presión arterial baja de forma notable.
Ese descenso reduce el flujo sanguíneo que llega al cerebro y al oído interno, y ahí aparece el vértigo por calor con toda su intensidad.
Por eso los especialistas insisten tanto en la hidratación como primera medida preventiva: no se trata solo de evitar la sed, sino de mantener estable un sistema circulatorio del que depende directamente tu equilibrio.
Los síntomas que describen los pacientes en consulta
El vértigo por calor no siempre se manifiesta igual. Algunos pacientes hablan de mareo leve al ponerse de pie, otros de una sensación de flotar o de que las paredes se mueven.
También son frecuentes el zumbido pasajero en los oídos, la visión borrosa durante unos segundos y una fatiga repentina que obliga a sentarse. En los casos más intensos aparecen náuseas y sudoración fría, síntomas que suelen coincidir con las horas de más calor del día, entre las doce y las cinco de la tarde.
Reconocer estos síntomas a tiempo permite diferenciar un vértigo por calor puntual de otros trastornos vestibulares que requieren un abordaje distinto, como el vértigo posicional paroxístico benigno o el síndrome de Ménière.
Un caso típico en la consulta de agosto
Marta, de 52 años, llegó a la consulta tras un episodio en la playa. «Estaba tumbada al sol, me levanté para meterme en el agua y todo empezó a dar vueltas. Tuve que sentarme otra vez porque pensé que me caía», contaba.
Había pasado la mañana sin beber apenas agua y llevaba dos horas expuesta al sol directo.
El equipo del Dr. Mayo confirmó que se trataba de un episodio de vértigo por calor asociado a deshidratación, sin ninguna alteración del oído que requiriera tratamiento adicional.
Casos como el de Marta se repiten cada verano, y la buena noticia es que, una vez identificado el origen, la recuperación suele ser rápida con hidratación y reposo en un ambiente fresco.
Vértigo por calor o algo más: cuándo acudir al otorrino
No todo mareo de verano es un simple vértigo por calor, y ahí radica la importancia de una valoración especializada. Conviene acudir al otorrinolaringólogo si el mareo se repite con frecuencia, si dura más de unos minutos, si va acompañado de pérdida de audición, dolor de oído o pitidos persistentes, o si aparece sin relación aparente con el calor o la exposición al sol.
El Dr. Mayo subraya un punto que muchos pacientes pasan por alto:
«El vértigo por calor suele ser puntual y mejora en cuanto la persona se hidrata y se refresca. Si el mareo persiste pese a estas medidas, hay que descartar otras causas, porque el oído interno puede estar detrás de trastornos que necesitan un diagnóstico preciso y un tratamiento específico».
Un examen vestibular completo permite distinguir entre un vértigo por calor benigno y otras patologías del equilibrio que comparten síntomas parecidos.
Cómo prevenir el vértigo por calor este verano
La prevención del vértigo por calor pasa por unos hábitos sencillos que cualquier persona puede incorporar a su rutina veraniega:
- Bebe agua de forma regular a lo largo del día, sin esperar a tener sed.
- Evita las horas de sol más intenso, especialmente entre las doce y las cinco de la tarde.
- Levántate despacio tras estar tumbado o sentado durante un rato largo.
- Modera el consumo de alcohol y cafeína, que favorecen la pérdida de líquidos.
- Refréscate con frecuencia y busca la sombra cuando notes calor excesivo.
Estas medidas reducen de forma notable el riesgo de sufrir un episodio de vértigo por calor, sobre todo en personas mayores, embarazadas o pacientes con antecedentes de problemas de tensión arterial, grupos especialmente vulnerables durante las olas de calor.

El papel del otorrinolaringólogo en el diagnóstico y tratamiento
Cuando el vértigo por calor se repite o genera dudas, la valoración de un otorrinolaringólogo resulta clave para descartar otras causas y ofrecer un tratamiento adecuado.
El equipo del Dr. Mayo cuenta con años de experiencia en el diagnóstico de trastornos del equilibrio y dispone de pruebas específicas, como la videonistagmografía, para estudiar el funcionamiento del sistema vestibular con precisión.
«Cada paciente con vértigo por calor merece una evaluación individualizada, porque detrás de un mismo síntoma pueden esconderse causas muy distintas», señala el Dr. Mayo.
Al final, la mayoría de los episodios de vértigo por calor se resuelven con medidas sencillas de hidratación y protección solar, pero contar con un diagnóstico correcto marca la diferencia entre pasar un mal rato puntual y arrastrar un problema de equilibrio sin identificar durante todo el verano.
Si notas mareos frecuentes estos meses, no los normalices: pide cita y deja que un especialista determine su origen real.


