El dolor de oído durante un vuelo puede evitarse en muchos casos. Analizamos cuándo viajar en avión con congestión nasal aumenta el riesgo de barotrauma y qué medidas ayudan a proteger el oído
«Viajar en avión con congestión nasal» es una preocupación muy habitual, especialmente durante el verano, cuando aumentan los desplazamientos y también los resfriados, las alergias y las rinitis. De hecho, pocas horas antes de un vuelo, muchas personas se hacen la misma pregunta: «Tengo la nariz completamente taponada, ¿es seguro subir al avión o puedo hacerme daño en el oído?»
La respuesta corta es que sí existe un riesgo, aunque no siempre ocurre. Y precisamente por eso merece la pena entender qué sucede dentro del oído cuando el avión despega o aterriza.
Dolor intenso al aterrizar, deterioro de la audición tras el vuelo o molestias que se extienden durante días son algunas de las señales que los pacientes relatan en la consulta.
La verdad es que viajar en avión con congestión nasal puede dificultar la correcta adaptación del oído a los cambios de presión que se producen durante el vuelo. En la mayoría de los casos las molestias desaparecen rápidamente, pero cuando la obstrucción nasal es importante, el riesgo de sufrir un barotrauma ótico aumenta de forma considerable.
Por eso, antes de viajar, especialmente si estamos resfriados o sufrimos una crisis de alergia, conviene entender qué mecanismos intervienen y qué podemos hacer para minimizar ese riesgo.
Qué ocurre dentro del oído cuando despega o aterriza un avión
Para comprender por qué viajar en avión con congestión nasal puede convertirse en un problema, primero hay que hablar de una estructura muy pequeña pero absolutamente fundamental: la trompa de Eustaquio.
Se trata de un conducto que comunica el oído medio con la parte posterior de la nariz y la garganta.
Su función es sencilla de explicar, aunque extraordinariamente importante. Actúa como una válvula que iguala la presión del aire a ambos lados del tímpano.
En condiciones normales, cada vez que tragamos, bostezamos o masticamos, esta pequeña estructura se abre durante unos instantes y permite equilibrar las presiones.
Es un mecanismo tan automático que ni siquiera somos conscientes de que está funcionando.
Sin embargo, durante un vuelo la presión atmosférica cambia con rapidez, especialmente durante el ascenso y, sobre todo, durante el descenso.
En ese momento, la trompa de Eustaquio necesita trabajar con eficacia para adaptarse a esa nueva situación.
Como explica el Dr. Miguel Mayo, especialista en Otorrinolaringología, «cuando la trompa de Eustaquio no consigue abrirse correctamente porque existe una congestión nasal importante, la presión deja de equilibrarse y el oído comienza a soportar una tensión que puede provocar dolor e incluso lesiones».
Y es precisamente ahí donde viajar en avión con congestión nasal puede convertirse en un problema que va mucho más allá de una simple molestia pasajera.
Cuando la diferencia de presión no consigue compensarse correctamente, empiezan a aparecer los síntomas que muchos viajeros describen nada más aterrizar.
Al principio suele ser una sensación de oído taponado. Después aparece una disminución de la audición, una presión incómoda que parece no desaparecer o, en los casos más intensos, un dolor muy agudo que coincide con los últimos minutos del descenso.
La mayoría de las veces estas molestias desaparecen poco después del vuelo. Sin embargo, cuando la obstrucción nasal es importante, el problema puede ir un paso más allá.
Qué riesgos tiene viajar en avión con congestión nasal
La buena noticia es que la mayoría de las personas que deciden viajar en avión con congestión nasal no sufrirán una lesión grave. Lo más habitual es experimentar una sensación temporal de presión o un oído tapado que mejora espontáneamente.
Sin embargo, cuando la trompa de Eustaquio permanece completamente bloqueada, el oído medio puede ser incapaz de adaptarse a los cambios de presión.
Es entonces cuando aparece el llamado barotrauma ótico.
Dicho de una forma sencilla, el tímpano soporta una diferencia de presión superior a la que puede compensar con normalidad. Cuanto mayor es esa diferencia, mayores son también las molestias.
Los pacientes lo describen de formas muy parecidas:
- «Sentía como si el oído estuviera a punto de explotar».
- «Noté un pinchazo muy fuerte justo antes de aterrizar».
- «Después del vuelo escuchaba todo amortiguado, como si llevara un tapón enorme dentro del oído».
En los casos más leves, el problema se resuelve por sí solo durante las siguientes horas. Sin embargo, cuando el cambio de presión es muy brusco o la congestión nasal es intensa, pueden aparecer complicaciones como inflamación del oído medio, acumulación de líquido detrás del tímpano e incluso pequeñas lesiones timpánicas.
Como señala el Dr. Miguel Mayo, «la intensidad del barotrauma depende tanto del grado de obstrucción nasal como de la capacidad que tenga cada paciente para compensar la presión durante el vuelo».
Por eso no todas las personas reaccionan igual.
Hay viajeros que apenas notan un ligero taponamiento durante unos minutos y otros que necesitan varios días para recuperar completamente la sensación de normalidad.
Quién tiene más riesgo de sufrir problemas durante un vuelo
Una de las preguntas más habituales es si el riesgo afecta únicamente a quienes están resfriados. Y la respuesta es no.
Viajar en avión con congestión nasal puede resultar especialmente problemático en cualquier situación que dificulte el correcto funcionamiento de la trompa de Eustaquio.
Entre las circunstancias más frecuentes encontramos:
- Resfriados o catarros recientes.
- Rinitis alérgica mal controlada.
- Sinusitis.
- Desviación importante del tabique nasal.
- Hipertrofia de cornetes.
- Procesos inflamatorios de las vías respiratorias superiores.
La verdad es que muchas personas conviven con alguno de estos problemas durante años sin apenas darle importancia.
Respiran peor por la nariz, necesitan dormir con la boca abierta o sienten una ligera congestión casi permanente. En el día a día consiguen adaptarse a esa situación. Sin embargo, cuando suben a un avión, esa pequeña dificultad respiratoria puede hacerse mucho más evidente.
También ocurre con frecuencia en niños.
Las vegetaciones aumentadas de tamaño o determinadas alteraciones propias de la infancia favorecen que algunos pequeños presenten más molestias durante los vuelos, especialmente durante el aterrizaje.
No es raro que los padres expliquen algo como que «durante todo el viaje iba perfectamente, pero empezó a llorar justo cuando el avión comenzó a bajar.»
En muchas ocasiones, ese llanto no se debe al miedo ni al movimiento del avión. La causa real es el dolor que produce el cambio de presión cuando el oído no consigue adaptarse correctamente.
Precisamente por eso, antes de viajar en avión con congestión nasal conviene valorar hasta qué punto esa obstrucción puede interferir en el funcionamiento normal del oído. Y, cuando el viaje no puede posponerse, existen algunas medidas sencillas que ayudan a reducir considerablemente el riesgo de sufrir un barotrauma.

Afortunadamente, en la mayoría de los casos es posible reducir de forma importante las molestias si se toman algunas precauciones antes y durante el vuelo.
No se trata de eliminar por completo el riesgo, porque eso dependerá también del grado de congestión nasal que presente cada persona, pero sí de favorecer que la trompa de Eustaquio pueda realizar correctamente su trabajo cuando el avión cambia de altitud.
Cómo reducir el riesgo al viajar en avión con congestión nasal
Si no es posible aplazar el viaje, existen varias medidas que pueden ayudar a proteger el oído durante el despegue y, sobre todo, durante el aterrizaje, que suele ser el momento más delicado.
Las recomendaciones más útiles incluyen:
- Mantener una buena hidratación antes y durante el vuelo.
- Favorecer la deglución masticando chicle o caramelos durante el descenso.
- Bostezar o realizar movimientos de deglución con frecuencia.
- Utilizar lavados nasales con suero fisiológico si existe congestión.
- Seguir el tratamiento indicado por el especialista en pacientes con rinitis alérgica o sinusitis.
- Realizar maniobras de compensación únicamente cuando estén correctamente indicadas y se conozca cómo hacerlas.
- Muchas personas preguntan también por los descongestionantes nasales.
La realidad es que, en determinados pacientes y siempre bajo criterio médico, pueden ser una ayuda puntual antes del vuelo. Sin embargo, no son una solución universal ni deben utilizarse de forma indiscriminada, ya que un uso incorrecto puede acabar provocando un efecto rebote y empeorar la congestión.
Como recuerda el Dr. Miguel Mayo, «lo más importante no es aliviar únicamente la sensación de nariz taponada, sino conseguir que la trompa de Eustaquio funcione correctamente para proteger el oído durante los cambios de presión».
Y ese matiz marca una diferencia importante.
Porque muchas veces el pasajero siente que respira algo mejor, pero la trompa continúa sin ventilar adecuadamente el oído medio.
¿Cuándo es mejor no volar?
Aunque la mayoría de las personas pueden viajar sin complicaciones, existen situaciones en las que conviene valorar si realmente merece la pena asumir el riesgo.
Especialmente cuando la congestión nasal es muy intensa o se acompaña de dolor de oído previo, fiebre o una infección respiratoria importante.
En estos casos, si el viaje puede posponerse, suele ser la opción más prudente. También es recomendable consultar con un especialista cuando los síntomas persisten después del vuelo.
Por ejemplo, si aparece:
- Dolor intenso que no mejora con el paso de las horas.
- Sensación de oído tapado durante varios días.
- Disminución de la audición.
- Zumbidos persistentes.
- Secreción por el oído.
- Mareo intenso o sensación de vértigo.
Estos síntomas pueden indicar que el cambio de presión ha producido un barotrauma más importante y requieren una valoración otorrinolaringológica.
En consulta disponemos de diferentes exploraciones que permiten comprobar el estado del tímpano, valorar el funcionamiento del oído medio e identificar si existe líquido acumulado, inflamación o cualquier otra alteración relacionada con el vuelo.
Y cuanto antes se diagnostique el problema, más sencillo suele resultar su tratamiento.
Conclusión: proteger el oído también forma parte de un buen viaje
Viajar en avión con congestión nasal no significa necesariamente que vaya a producirse una lesión en el oído. Sin embargo, sí aumenta el riesgo de que aparezcan molestias, dolor o incluso un barotrauma cuando la trompa de Eustaquio no consigue equilibrar correctamente la presión durante el vuelo.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, es posible reducir ese riesgo con medidas sencillas y, sobre todo, valorando previamente el estado de la nariz y de las vías respiratorias.
Porque detrás de muchos episodios de dolor de oído durante un vuelo no hay mala suerte. Hay una explicación médica que merece la pena entender.
Y si cada vez que vuelas aparecen molestias importantes, notas que el oído permanece tapado durante días o has sufrido varios episodios similares, quizá el problema no esté en el avión.
Quizá esté en cómo está funcionando tu nariz y en la capacidad de tu oído para adaptarse a los cambios de presión. Identificar esa causa es el primer paso para que el siguiente viaje empiece y termine con una sola preocupación: disfrutar del destino.


