Pérdida de audición repentina: ¿Es reversible la sordera súbita?

Una pérdida de audición repentina sin explicación aparente podría indicar un daño grave y permanente

El tratamiento precoz es esencial para volver a oír tras una pérdida de audición repentina que afecta a un solo oído sin motivo aparente

Despertarse por la mañana sin poder oír bien es una sensación desconcertante que, inicialmente, podríamos pensar que se tratara del efecto temporal de un resfriado reciente o una sinusitis. Sin embargo, una pérdida de audición repentina sin explicación aparente, especialmente si se produce en un solo oído, podría indicar un daño grave y permanente.

En muchos casos, es posible recuperar parte de la audición o incluso lograr una recuperación total. La probabilidad de volver a oír es mayor cuanto antes se inicie el tratamiento.

En este artículo, te explicamos qué es y por qué se produce la sordera súbita, qué hacer ante una pérdida de audición repentina y qué tipo de tratamientos existen para volver a oír bien.

¿Qué es la sordera súbita?

La sordera súbita es una pérdida de audición repentina que se produce en menos de 72 horas. Puede surgir de un momento a otro o evolucionar gradualmente en dos o tres días.

No implica, necesariamente, quedarse sordo del todo. Una pérdida auditiva de 30 decibelios o más, en 3 frecuencias consecutivas, ya se considera sordera súbita. En la práctica, este grado de hipoacusia impide percibir sonidos suaves y dificulta las conversaciones, pero sí se siguen escuchando sonidos más fuertes o en otras frecuencias.

La pérdida de audición repentina es más frecuente en personas de 40 a 55 años de edad. Los últimos datos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL) estiman que, cada año, se dan entre 2 y 20 casos nuevos por cada 100.000 habitantes.

¿Qué puede causar una pérdida de audición repentina?

Una pérdida de audición repentina puede ser conductiva o neurosensorial.

La hipoacusia conductiva está causada por una obstrucción en el canal auditivo, como un tapón de cerumen, o en el oído medio, como la presencia de líquido en el oído. Suele tener carácter temporal.

La sordera súbita neurosensorial, sin embargo, es una emergencia médica que requiere tratamiento inmediato para intentar recuperar el máximo de audición posible.

Se produce por algún tipo de daño en el oído interno, ya sea en la cóclea (que transforma las ondas sonoras en señales eléctricas) o en el nervio vestibulococlear (que transmite las señales al cerebro).

Las causas específicas de la pérdida de audición repentina neurosensorial no están claras en el 90% de los casos. Se cree que puede estar relacionada, principalmente, con enfermedades autoinmunes, así como una inflamación de origen vírico, la rotura de las membranas laberínticas o fenómenos vasculares.

En la hipoacusia neurosensorial súbita, la rapidez con la que se recibe tratamiento es esencial para incrementar las opciones de recuperar la audición. Por ello, es importante reconocer los síntomas de la pérdida de audición repentina neurosensorial:

  • Hipoacusia unilateral: La pérdida auditiva súbita sin causa aparente en un único oído, ya sea de forma total o parcial, es el síntoma principal. Solo en el 3% de los casos se ven afectados ambos oídos.
  • Sensación de plenitud o presión: La impresión de tener el oído taponado.
  • Acúfenos: El 90% de los pacientes perciben un zumbido en el oído.
  • Vértigo: Si además de la pérdida auditiva tienes mareos, acude al otorrinolaringólogo de inmediato. Es un síntoma grave que se presenta en el 20-60% de los casos y hace más probable que la sordera sea permanente.

Si tienes estos síntomas, no esperes a que se te pasen solos y visita a tu médico cuanto antes. La rapidez con la que se inicia el tratamiento puede significar la diferencia entre volver a oír y la sordera permanente.

¿Qué pruebas se realizan para diagnosticar la sordera súbita?

Existen diversas pruebas diagnósticas para determinar las causas de la pérdida de audición repentina y el correspondiente tratamiento médico.

En conversación con el paciente, puede desvelarse algún suceso específico, como un traumatismo o una lesión de buceo, que pudiese causar una pérdida de audición repentina. Así como evaluar si puede estar relacionada con el uso de ciertos fármacos, una infección aguda o enfermedades subyacentes.

En el mejor de los casos, una simple otoscopia permite observar un tapón de cerumen o la presencia de mucosidad en el oído que explica la hipoacusia.

Si la exploración visual no revela ninguna obstrucción, el otorrinolaringólogo puede realizar pruebas auditivas para evaluar el grado de pérdida auditiva, si afecta a ambos oídos o uno solo, y si es conductiva o neurosensorial:

  • Acumetría: Sencilla pero menos precisa porque se realiza con diapasones y la evaluación subjetiva del especialista.
  • Audiometría tonal liminar (ATL): Se expone al paciente a tonos de diferentes intensidades y frecuencias para evaluar el grado de pérdida auditiva en cada oído e identificar qué parte del oído está afectada (interno, medio o externo).
  • Audiometría verbal: El paciente escucha una serie de palabras que debe repetir. Mide la capacidad de discriminación auditiva para distinguir los distintos sonidos del habla: fonemas, palabras, frases…
  • Timpanometría: Se introduce una pequeña sonda en el oído externo que genera cambios de presión sobre el tímpano y mide su respuesta.

Si estas pruebas descartan causas conductivas de la pérdida de audición repentina, se diagnostica como sordera súbita neurosensorial y se inicia el tratamiento.

Las causas específicas de la pérdida de audición repentina neurosensorial no están claras en el 90% de los casos

Una resonancia magnética craneal ofrece una imagen detallada que, en ocasiones, permite observar un problema fisiológico en el oído interno, la presencia de un tumor cerebral o identificar enfermedades neurodegenerativas o accidentes cerebrovasculares que expliquen la hipoacusia. En el 90% de los casos, sin embargo, no se logra determinar la causa.

¿Cuál es el tratamiento para volver a oír bien?

El tratamiento para la pérdida de audición repentina neurosensorial se basa en la administración de corticoesteroides para combatir la inflamación. Especialmente, en los casos en que se desconoce la causa de la hipoacusia.

Si la sordera súbita se diagnostica con rapidez, en menos de cuatro semanas desde la aparición de los síntomas, el tratamiento inicial preferido son los corticoides orales. Alrededor de la mitad de los pacientes recuperan la audición, al menos en parte, en un par de semanas.

Cuando el tratamiento oral no resulta efectivo o si el paciente no puede tomar corticoides orales, el otorrinolaringólogo puede administrar corticoides por vía intratimpánica. Se inyectan directamente a través del tímpano y penetran por el oído medio hasta el oído interno.

Cuando el diagnóstico es tardío o con síntomas graves (vértigo asociado o sordera severa de más de 70 decibelios), se puede valorar el empleo de corticoides intravenosos. Estos son más potentes, pero los efectos secundarios pueden desaconsejar su uso.

La eficacia del tratamiento con corticoides disminuye considerablemente cada día que pasa entre que aparecen los síntomas y se inicia la terapia. Cuanto más tiempo pase, menos probabilidades hay de volver a oír bien.

Factores como la edad, el grado de hipoacusia y las enfermedades asociadas (sobre todo cardiovasculares) influyen en el pronóstico.

Las personas con pérdida auditiva permanente tras el tratamiento farmacológico todavía tienen alternativas para mejorar su audición mediante rehabilitación auditiva y el uso de audífonos o implantes cocleares.

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